Tú y tu simbiosis perfecta con algunos rincones de esta ciudad. O quizá no, quizá tú y tu tozudez insensata de inquilino de la memoria, que nunca paga el alquiler ni regala desayunos, pero se instala en los vacíos del parque, o de la biblioteca, o del sofá, o de los caramelos de envoltorio opaco tras cigarro.
Ha sido el caramelo, yo siempre inocente. Hoy era de cereza, o de cerezo, o de silencio, no estoy muy seguro, pero sabía igual que tu boca una de aquellas noches de las cervezas, en que no te besaba, y mi lengua se moría de ganas, y te saboreaba sin tocar.
Pero eso ya lo sabías.
Lo sabías porque nunca he podido callarme, en eso somos diferentes. Yo tan me como la rotación de la tierra si es contigo, y tú tan el mundo gira aunque sea sin ti. Tienes razón, pero no me jodas, la náusea es mejor a mi manera.
Luego supe que tus labios no saben ni a cereza ni a cerezo, me vas a permitir que hoy saque de la lista al silencio.
Luego supe que sabes a pan y a cariño, a miedo y a escondite, a noria a vértigo a saliva a papel...
a niña y a laberinto....
frontera rendida
calle empapada
ibuprofeno
garganta
mar
sexo
vientre
rama desnuda
Mahou... como siempre.
Qué locura.
Qué
jodida
sensata
locura.
Han sido el caramelo, el hambre y la distancia. Has sido tú. Y un pulso sísmico y sistólico que siempre acaba buscando tus manos. Insisto. Estén donde estén les faltan mis dedos.
Vas a tener que agarrarte.



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