no saben escribir en sentido común,
se enredan,
se pierden,
se empeñan
en que estás al otro lado del espejo
y el único modo de leerte
es mirarme las pupilas.
Cuando las resacas
me escriben con la izquierda
me siento extraño,
me da por ser feliz,
por esperarte,
por acariciarle el pelo a tu ausencia en el sillón,
y sonreírle a la lavadora.
Cuando el dolor de cabeza
me escribe de derecha a izquierda,
no me sale nada indecente
y me da igual,
el gel de la ducha me limpia tus nuncas,
se me escurren,
se me escapan por el sumidero
girando en el mejor sentido de las agujas del reloj.
Cuando me despierto en ese estado
de recuento latente de momentos por venir,
de arterias latientes temblando en los cuellos,
ni siquiera busco ibuprofeno,
me tumbo
y agonizo,
mastico los restos de cerveza
que anoche era más rubia,
más tú,
menos cuaderno en ruínas,
menos yo.
Hay borracheras que merecen la pena.
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