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viernes, 26 de junio de 2020

Nota declaratoria

En su elegante desorden,
llegó.
Recta como lo inevitable,
monte de piedad 
de un Luis extraviado,
arcano irreversible,
vaina de los desechos
que guardo en los bolsillos,

sombra,

respuesta,

alimento...

Si fuese posible la permanencia
del tiempo,

la muerte,

la cortina,

la leña,

no habría un suburbio mejor
donde refugiarme.


Nota de ruta por calle Toledo

Me escurría,
hombre líquido por los tabiques,
cuerpo descendente.
Decaía lento
ante la visera verde
de los semáforos,
ante el sol,
ante las cuatro de la tarde.

Fluía
a través de esta grieta de junio,
Luis licuado
sobre el asfalto,
Luis atento
a cada guijarro que lleva
desde las aceras
a tu portal.

jueves, 25 de junio de 2020

Nota diezmilésima

No soy yo
el que recorre mi tiempo
ni mis salones
ni la bisagra firme de esta muñeca
sentada a leer el polvo de los estantes
o esa grieta que cruza
la lámina pulcra de los martes.

No soy yo.

No he sido.

Tenaz epitafio
sobre el dilema terco
de mi laberinto.

Nota exculpatoria

Y si regresa la ira algún día,
Leviatán de las aguas que una vez
se vistieron de puta en mis ventanas,
si el diezmo del sudor,
del semen denso que derrocho,
se me volviera inasumible
de nuevo.

Si regresase algún día
la ira, no tendría
el pasillo encalado,
la soga, el delirio,
el filo dispuesto,
tal vez,
para el tajo de la nada
que me compuso.

Nota interna

Parásito del tiempo he sido,
habitante especular
de la imagen que sucede.

Quiste del tiempo he sido,
acúmulo de pus,
de la inmundicia, en un salón
de sillones cómodos.

Lombriz del tiempo he sido
que ahora avanzo,
sin pies,
como tras la lluvia.

Nota emérita

Pregunta mi gato
si se ha cubierto ya de eccemas
la piel de los tiranos,
si se ha arrancado la muerte
ya la espina
o la rama,

si escuchan ya los oídos
el quejido de la madera
de esta cabaña que arde,
de esta mi agónica tarde,
de los hombros
que caminan.

miércoles, 24 de junio de 2020

Nota teatral

¿Qué soy
tras el maquillaje?
¿Qué embarullado asiento
tras la actuación?

Un armario escueto,
un delgadísimo tramoyista,
una cuerda tentada
a bajar el telón.

Nota temporal

Aniquila el tiempo,
repta,
se desliza,

desprende la carne,
pudre los ojos que miran.

Aniquila el tiempo,
me diluye,
licúa mi rostro de cera,

licúa mi rostro de veras,

mi presencia,

mi mentira.

Nota incauta

Recíbeme
con la muerte recogida,
envainado el miedo en su suburbio,

en su callejón.

Llego
con la liturgia del esclavo,
astilladas las vértebras,
dormido a medias
el sostén seco de los pies.

Encerrado, quizá,
ya sin tobillos,
pueda empuñarse una llave
con tus manos.

Nota destemplada

Hace frío allá afuera,
grazna el invierno perpetuo,
cuervo apostado
al este de la ciudad.

No gotea el hielo
desde el enrejado de los balcones,
circula el caucho impaciente
de los taxis,
arremeten los andenes
contra los pasajeros
que esperan.

Esperan

pacientes bajo la llovizna,
el hollín de los maletines,
la idea exacta
de la polución.

Me sostengo de tu mano,
de tu fiebre,
de tu estigma,

de la tregua.

Nota callada

Y llegó la noche del silencio,
las gargantas en cartulina,
un colgajo preñado
en el catre sucio de la rabia.

Y la enorme sensatez
de tu cobardía
y el tacto que se me escurre
y el azufre.

Llegó
como a tu altar el lamento
de los incrédulos, de los seglares
que parten el pan, la madrugada,
la soledad
con cerveza fría.

Nota de reproche leve

Díscolo bufón,
insensato,
¿con qué descaro te sientas
bajo la tormenta?

Te miran,
tan adicto al óxido,
a la herrumbre de la condena,
bajo la copa inerte
que sostienes, te miran.

Te miran,
títere de la nada,
como al extranjero.

Nota inexplicable

Hombre amortiguado,
lactante de lo acontecido,
me adormezco
en el almacén.

Bajo las escaleras
que otros suben
me cubre el polvo
de todos los pasos.

Nota suplicante

Dragamos el estanque de las fotos
y quedan,
cubiertos por el cieno de hace tiempo,
los bares,
mi deseo de barro,
tu cuerpo a medias,
un recital exiguo,

nada.

Me ahogo
sentado en el vagón en que me dejaste
para marchar.

Carezco de destino más allá
de la partida.

¿Desde dónde te recuerdo?

No es más que un apeadero
esta ciudad.

Nota de duelo creciente

No me lees ya,
estricta dueña del silencio,
tajo de la memoria.

Con el cuerpo sajado
te recuerdo.

No hay voces aquí
ni refugios
ni lavanderías

ni un copo de nieve en Madrid
ni treinta años cumplidos
ni un solo pecho prestado
para tardes frías.

No me lees ya,
costalera del insomnio,
tan austera,

no me lees,

tanto olvido,
tanta espera.

Nota estigmática acompañada de una ligera punción

Estigma,

laceración insistente,
brecha inmaculada del fracaso,

naces,
liturgia piadosa,
con pies de niña cada marzo.

Recodo,
abrigo,
mausoleo naces,
reliquia de mi historia,
como el pan que una vez
tuve en las manos.

A los poetas manifestantes de motivación variable

Piruetas de cartomante,
esdrújulo lameculos,
del talento bien distante,
del arte se me hacen bulos.

En la masa eres corista,
bailaor entre flamencos,
de la mierda preciosista,
arropado vas por pencos.

Arrojas al buen tuntún
los versos para la causa,
causa pedorra que algún
imbécil no puso en pausa.

Hazmerreír de los lemas,
caradura petulante,
cuando te vean las flemas
se te llevan por delante.

Redondillas putillas ante la abrumadora descarga que acecha

De esta camada juglares,
plumas de infame lamento,
llorantes de cien mil mares,
ignorantes del acento,

patanes de la sintaxis,
poetas de medio pelo,
la escritura en profilaxis,
del diccionario es el duelo.

Invasores del terruño
que otros tratan con esmero,
al arrojar vuestro truño,
¡vive Dios que desespero!

Colaboración intrusa y con descaro con la buena gente de Plataforma

Dicen del polvo de hadas,
de la ruina del lamento,
de la muerte postergada
en un nido de sustento.

De un pastor de los engaños
con su perro vigilante
de una existencia de paño,
de una cocina distante.

Vaso, pupila, escalera,
puchero para los lazos
de lo que siempre anda afuera,
de la verdad los retazos.

Polvo del polvo que visto,
ropa empolvada de armario,
que por no estar no está listo
ni está dispuesto el sudario.

Nota predictiva

Me bendicen con su arroz
las avenidas,
con su olla al fuego
los balcones.

Huiré,

fugitivo de correas,
saciado apenas,

infestado por la necesidad

del hambre.

Nota ensimismada

Os olvidasteis de la muerte,
de la ruptura constante de su oleaje,
de la costa, el malecón,
del sueño.

Caminasteis
con los pasos vendados,
con la vida a tientas
por las estaciones.

Es la acera mi patíbulo,
depredador de las noches,
óxido en la brújula
de mi destino,
matarife nublado de restos
tras el disparo.

Ensayos

Salve, cuerpo perecedero,
recipiente de humores
que las más de las noches
se descompensan,
padre primogénito del hijo primogénito,
portador desgastado de mi herencia.

Te debo las piernas que me trasladan,
las manos que aniquilan la carne
en que se posan,
la voz con la que ofendo.

Te levantas orgulloso ante la muerte
pero caerás
atravesado de tiempo
como todos y cada uno
de los templos.

Nota reconvertida

Lacrados los párpados,
apoyado en un bastón
de indiferencia, anduve.

Como un escrito sellado,
encinta de adjetivos,
senescal de lo pagano,

anduve.

Anduve durante la guerra
con un caminar invidente,

con un caminar a tientas,

con uno de manos que mienten.