grazna el invierno perpetuo,
cuervo apostado
al este de la ciudad.
No gotea el hielo
desde el enrejado de los balcones,
circula el caucho impaciente
de los taxis,
arremeten los andenes
contra los pasajeros
que esperan.
Esperan
pacientes bajo la llovizna,
el hollín de los maletines,
la idea exacta
de la polución.
Me sostengo de tu mano,
de tu fiebre,
de tu estigma,
de la tregua.
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