piedra en la barriga de mi historia,
vértice del cómo del reencuentro,
a la hora de escapar mísera y gloria.
Me contienes al azar, maldita noria,
en la puerta de tus calles dudo y entro,
esta forma de querer tan transitoria,
esta ruina con el pecho como centro.
Escudo de mi nada en arrabales,
verano de episodios en tu alberca,
madre del recuento de mis males,
vestida siempre gris, siempre tan terca,
yo juro serle infiel a tus retales,
que tu espalda febril me duerme cerca.
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