Ya no observo tu marcha
sobre el tiempo.
No te escucho ya.
Te tumbarás gastada
en cualquier pensión,
las tibias de madera mordidas
por la carcoma
alguna noche.
Sentado en la letrina de los días
estará tu cuerpo,
envejecida la presencia que me contuvo,
sucia la planta de los pies,
desgastada la frente por el camino.
Te veo,
esquirla afilada del nombre,
terca multitud que me rechaza,
te veo
como de papel.
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