Son, desde esta calma,
las calles de Lavapiés
un pasillo inexpugnable.
Desde este suelo
de templo en ruinas, son
el nido de los héroes
que se ríen
de mí.
Mira cómo me señalan,
cómo ajustan los herrajes
de sus monturas para aplastarme,
pálido cuerpo que te añora
perdido sobre las aceras
como un ladrón de la carne.
No hay comentarios:
Publicar un comentario