Atiborrado de espinas
como un campo ya recogido,
como una esquela
a la puerta del teatro,
amaneceré mañana.
Abrigado con tus restos,
saldré.
No notarán la carcoma,
el laberinto tenue
bajo la mejilla
ni tu presencia en cueros,
esa existencia de sable
junto a mis pies.
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