Es la distancia
una armónica que se pliega
sobre la piedra rodante
de los segundos.
Y grita.
Y clama invertebrada.
Y camufla la noche
de una especie de Luis
más bien proscrito.
Arrastro una cadena de cien pasos,
un dulce de despedida,
una miríada de eslabones.
Y avanzo así por los parques
donde juegan los niños
ignorados por sus madres.
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