Hablan las calles una lengua extraña, como siguiendo una métrica con leve tinte extranjero. Sucede a veces que habito aquello que no comprendo y lo observo, algo cansado, por una rendija breve entre los párpados, deslumbrado de asco y, quizá, con un ligero toque de pereza.
Ha de ser sutil el cambio.
Es la misma la ciudad, los cuerpos de mansedumbre estúpida que me rozan durante las aceras tienen el mismo tacto, sigue el perfume de capital, de columna orgullosa en el pórtico del laberinto...
Ha de ser muy sutil el cambio.
Hablan hoy las calles el idioma del moribundo,
de la mosca,
de la palidez.
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