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viernes, 12 de octubre de 2018

Asunción

Te vi,
baluarte sobre una escena de tumulto,
sobre la suciedad,
sobre el deshecho.

Accedí a ti
con el propósito necesario del deceso,
de la muerte a ratos,
de la rotura sistemática de cada falange.

Tras de ti, siempre la caída.

Pero no lo supe.

Fue el olor a hospital
impregnado en mis habitaciones,
el rumor del hueso que suelda,
las cafeterías.

Se me volvieron de barro los entresijos entonces
y ahora,
cuando viene el calor,
se me hace como de piedra la barriga.








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