Mi gata ha vomitado hoy
babas con sangre.
Ya ha luchado por su vida,
antes,
en las calles.
He recogido parte de ella,
hoy,
del suelo de mi cocina
usando un puñado de papel absorbente.
Ahora duerme mientras escribo,
su sangre disidente está en la basura,
oxidándose,
supongo,
allá en el cubo,
como la de todos,
como la mía si se marcha
mientras duerme.
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