Polvo eres,
me dijeron,
y, desde entonces,
fui un niño de ceniza compacta
en movimiento constante hacia la combustión.
Lo que veis
es el disfraz de la nada
accidentalmente reunido tomando café
o por los pasillos del metro
o alimentándose
copulando impostor con otra carne impostora.
A veces temo desbaratarme
en cada estela de vacío que dejáis al moveros
o caer desmembrado
cuando expulsáis el humo del cigarrillo cerca de mí.
Polvo eres,
me dijeron,
y fui un hombre circunstancial desde entonces,
una efigie que observa
en cada despedida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario