En esta ciudad, la noche
tiene cierto tono azul
como un diablo distante
y transmutado.
Me pregunto si he atravesado ya,
hoy,
la puerta que me encierra.
Camino al metro,
disidente,
no sé con quién me cruzo, no me importa
el absurdo parpadeo de lo anónimo,
sus manos intuídas,
sus zapatos.
Esta calle es un vientre encinta
que se resiste a parirme
estrangulado y azul,
transmutado
al borde de la asfixia.
Se retuerce,
se contrae,
intenta retenerme en su cruce de piernas
igual que un muro de carne,
como si así pudiera
impedirme gritar.
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