Confesaré al fin
que sólo la cerveza
o el vino
o la estricta soledad,
me otorgan cierto grado de valentía,
de epopeya.
Mientras tanto,
trabajo vulgar,
acostumbro a mirar al suelo
cuando camino,
me avergüenza mi presencia en cualquier lugar,
tiendo a la desaparición
como si fuera un Luis de ser fingido.
Un puñado,
nada más,
un puñado de ojos me han visto, son
las piedras que amontonaría un crío
sobre la tumba de su perro,
una protección
a merced de las estaciones.
Un puñado,
nada más.
Me avergüenza decir,
con cierto grado de valentía,
de epopeya,
que algunas veces,
algunas
veces
les olvido.



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