En este etílico momento
donante del valor necesario,
pontifico acerca de la existencia.
Caminar sin vida
like a rolling stone,
es digno del Nobel
y de mi desprecio,
no hacia Bob,
de voz indescifrable y moribunda,
sino hacia vosotros,
esfinges de bolsos en bandolera,
de despacho
y nada más.
¿Cuántos estáis ahora
asomados al balcón
escuchando la tormenta sobre Madrid?
viernes, 25 de mayo de 2018
Layla unplugged
Profano en la sabiduría de la música,
ajeno a la mística delirante,
esta noche
guitarra, piano y Clapton.
Que me ha crecido la chulería
como un ramaje con aristas,
que te equivocaste, rubia,
que prefiero estas vistas en mi ventana,
que te condeno
a mi inapetencia por espejismo,
que casi es lo mismo que mi condena.
¿Quién sabe dónde duermes?
Ignífugo ante el recuerdo,
impermeable
a ese circuito de sangre ajeno,
brindo por los errores que cometiste,
por las espinas curvas de las notas
que no has escuchado vibrar.
Qué triste enterrarte de esta manera,
qué enjambre de intervalos
arrojados a la hoguera.
Ya no eres asidero
más que de nada.
¿Y si la redención es un punteo?
¿Y si el mesías del harapo calza barba?
No formarás ya parte de mis demonios,
de mi legión ebria,
de esta ciudad tan parda.
Pero respira, corazón,
no te me mueras del todo,
que si he de cruzarme contigo
será para recordarme,
desnudo tras la masacre,
creciendo cubierto de lodo.
ajeno a la mística delirante,
esta noche
guitarra, piano y Clapton.
Que me ha crecido la chulería
como un ramaje con aristas,
que te equivocaste, rubia,
que prefiero estas vistas en mi ventana,
que te condeno
a mi inapetencia por espejismo,
que casi es lo mismo que mi condena.
¿Quién sabe dónde duermes?
Ignífugo ante el recuerdo,
impermeable
a ese circuito de sangre ajeno,
brindo por los errores que cometiste,
por las espinas curvas de las notas
que no has escuchado vibrar.
Qué triste enterrarte de esta manera,
qué enjambre de intervalos
arrojados a la hoguera.
Ya no eres asidero
más que de nada.
¿Y si la redención es un punteo?
¿Y si el mesías del harapo calza barba?
No formarás ya parte de mis demonios,
de mi legión ebria,
de esta ciudad tan parda.
Pero respira, corazón,
no te me mueras del todo,
que si he de cruzarme contigo
será para recordarme,
desnudo tras la masacre,
creciendo cubierto de lodo.
jueves, 24 de mayo de 2018
Panorámica
Las puertas de mi balcón
son de madera y cristal,
con un dibujo geométrico
y esmerilado.
La luz
lo atraviesa refractada
como si no me perteneciera.
Pocos objetos hay en mi casa
que sean de otros.
Algún libro,
un plato gris atesorado
para recordar una presencia
al comienzo del viaje,
un par de discos, quizá...
Pero las únicas ventanas
que me dejan ver,
limpias como un parto,
dan a patios interiores.
son de madera y cristal,
con un dibujo geométrico
y esmerilado.
La luz
lo atraviesa refractada
como si no me perteneciera.
Pocos objetos hay en mi casa
que sean de otros.
Algún libro,
un plato gris atesorado
para recordar una presencia
al comienzo del viaje,
un par de discos, quizá...
Pero las únicas ventanas
que me dejan ver,
limpias como un parto,
dan a patios interiores.
miércoles, 23 de mayo de 2018
Memento, homo...
Polvo eres,
me dijeron,
y, desde entonces,
fui un niño de ceniza compacta
en movimiento constante hacia la combustión.
Lo que veis
es el disfraz de la nada
accidentalmente reunido tomando café
o por los pasillos del metro
o alimentándose
copulando impostor con otra carne impostora.
A veces temo desbaratarme
en cada estela de vacío que dejáis al moveros
o caer desmembrado
cuando expulsáis el humo del cigarrillo cerca de mí.
Polvo eres,
me dijeron,
y fui un hombre circunstancial desde entonces,
una efigie que observa
en cada despedida.
me dijeron,
y, desde entonces,
fui un niño de ceniza compacta
en movimiento constante hacia la combustión.
Lo que veis
es el disfraz de la nada
accidentalmente reunido tomando café
o por los pasillos del metro
o alimentándose
copulando impostor con otra carne impostora.
A veces temo desbaratarme
en cada estela de vacío que dejáis al moveros
o caer desmembrado
cuando expulsáis el humo del cigarrillo cerca de mí.
Polvo eres,
me dijeron,
y fui un hombre circunstancial desde entonces,
una efigie que observa
en cada despedida.
martes, 22 de mayo de 2018
Mala madre
En esta ciudad, la noche
tiene cierto tono azul
como un diablo distante
y transmutado.
Me pregunto si he atravesado ya,
hoy,
la puerta que me encierra.
Camino al metro,
disidente,
no sé con quién me cruzo, no me importa
el absurdo parpadeo de lo anónimo,
sus manos intuídas,
sus zapatos.
Esta calle es un vientre encinta
que se resiste a parirme
estrangulado y azul,
transmutado
al borde de la asfixia.
Se retuerce,
se contrae,
intenta retenerme en su cruce de piernas
igual que un muro de carne,
como si así pudiera
impedirme gritar.
tiene cierto tono azul
como un diablo distante
y transmutado.
Me pregunto si he atravesado ya,
hoy,
la puerta que me encierra.
Camino al metro,
disidente,
no sé con quién me cruzo, no me importa
el absurdo parpadeo de lo anónimo,
sus manos intuídas,
sus zapatos.
Esta calle es un vientre encinta
que se resiste a parirme
estrangulado y azul,
transmutado
al borde de la asfixia.
Se retuerce,
se contrae,
intenta retenerme en su cruce de piernas
igual que un muro de carne,
como si así pudiera
impedirme gritar.
sábado, 19 de mayo de 2018
Lo cierto
Confesaré al fin
que sólo la cerveza
o el vino
o la estricta soledad,
me otorgan cierto grado de valentía,
de epopeya.
Mientras tanto,
trabajo vulgar,
acostumbro a mirar al suelo
cuando camino,
me avergüenza mi presencia en cualquier lugar,
tiendo a la desaparición
como si fuera un Luis de ser fingido.
Un puñado,
nada más,
un puñado de ojos me han visto, son
las piedras que amontonaría un crío
sobre la tumba de su perro,
una protección
a merced de las estaciones.
Un puñado,
nada más.
Me avergüenza decir,
con cierto grado de valentía,
de epopeya,
que algunas veces,
algunas
veces
les olvido.
que sólo la cerveza
o el vino
o la estricta soledad,
me otorgan cierto grado de valentía,
de epopeya.
Mientras tanto,
trabajo vulgar,
acostumbro a mirar al suelo
cuando camino,
me avergüenza mi presencia en cualquier lugar,
tiendo a la desaparición
como si fuera un Luis de ser fingido.
Un puñado,
nada más,
un puñado de ojos me han visto, son
las piedras que amontonaría un crío
sobre la tumba de su perro,
una protección
a merced de las estaciones.
Un puñado,
nada más.
Me avergüenza decir,
con cierto grado de valentía,
de epopeya,
que algunas veces,
algunas
veces
les olvido.
jueves, 17 de mayo de 2018
Esta noche me absuelvo
Una vez pensé que la palabra
podría alzarse sucia,
manchada de suelo
y de almacén
y la imaginé,
cubierta de una aleación tosca,
grabando en la piedra si se la pronunciaba.
No debo de ser digno
de la letra que vence,
de la genuflexión ante la frase.
No me da ningún poder
la emergencia.
Por eso, quizá,
me tumbe ahora tranquilo,
cierre los armarios
y me observe desnutrido
con un pequeño alfiler
en la muñeca.
podría alzarse sucia,
manchada de suelo
y de almacén
y la imaginé,
cubierta de una aleación tosca,
grabando en la piedra si se la pronunciaba.
No debo de ser digno
de la letra que vence,
de la genuflexión ante la frase.
No me da ningún poder
la emergencia.
Por eso, quizá,
me tumbe ahora tranquilo,
cierre los armarios
y me observe desnutrido
con un pequeño alfiler
en la muñeca.
martes, 15 de mayo de 2018
Colegios
Fue un sacerdote italiano
el primero que me confesó.
Ante la divina incomparecencia de su Dios,
que también era el mío
por entonces,
nos sentamos en un banco de la capilla.
Nueve años.
Nunca estuve tan limpio
después,
después,
aún no me había masturbado,
no cargaba la soledad del destierro,
creía
en la inmensa pupila clerical
que me observaba,
pero aún
no había castigado a mis amigos
con la ausencia
ni tirado piedras a los coches
ni disparado a las lagartijas del muro gris
de la parcela
ni había llorado por un cuerpo completo
o por la tela rota de la muerte.
Nueve años.
¿De qué se puede acusar un crío
si no es de vida?
Pero yo no lo sabía.
Recé mi penitencia por las palabrotas
y salí al patio.
Me sentía
enormemente ligero.
domingo, 13 de mayo de 2018
Independencia
Mi cerebro practica la electrolisis.
Cuando trabaja me descompone,
usa sus pequeños impulsos para degradarme
y veo mis dedos,
cuerpos alargados
en secesión de mí.
¡Ey!
Les grito.
¡Dejad de escribir esa mierda!
No tenéis derecho
sin formar parte de mi patria.
Pero continúan,
poseen la información,
me han vigilado con sus ojos dactilares
desde que me metí en la ducha,
casi temprano,
para ir a trabajar.
Esos desertores cíclicos
me biopsian
y, cuando regresan
para sujetar el vaso,
se giran hacia mí
con sus bocas de uña
y se descojonan.
Cuando trabaja me descompone,
usa sus pequeños impulsos para degradarme
y veo mis dedos,
cuerpos alargados
en secesión de mí.
¡Ey!
Les grito.
¡Dejad de escribir esa mierda!
No tenéis derecho
sin formar parte de mi patria.
Pero continúan,
poseen la información,
me han vigilado con sus ojos dactilares
desde que me metí en la ducha,
casi temprano,
para ir a trabajar.
Esos desertores cíclicos
me biopsian
y, cuando regresan
para sujetar el vaso,
se giran hacia mí
con sus bocas de uña
y se descojonan.
sábado, 12 de mayo de 2018
Craso error
Escondo mi pandemia personal,
bajo una sonrisa creada
aprovechando mis costillas.
Si os fijáis,
si dejáis a los detalles
gritar como un cerdo en sacrificio,
veréis una pequeña arruga
de calcio
en el incisivo mayor.
No soy más que el Dios de mi farsa,
si os confundís
arrojaréis mis dedos al estante de reliquias.
Pero no,
soy el retazo de la sombra que os camina,
tan pegada a los pies,
tan solidaria,
tan fugitiva en la habitación oscura
como un homicida
que necesita
su rincón.
bajo una sonrisa creada
aprovechando mis costillas.
Si os fijáis,
si dejáis a los detalles
gritar como un cerdo en sacrificio,
veréis una pequeña arruga
de calcio
en el incisivo mayor.
No soy más que el Dios de mi farsa,
si os confundís
arrojaréis mis dedos al estante de reliquias.
Pero no,
soy el retazo de la sombra que os camina,
tan pegada a los pies,
tan solidaria,
tan fugitiva en la habitación oscura
como un homicida
que necesita
su rincón.
Brújula
Un solo punto cardinal
me lleva a casa,
la huella de un náufrago previo,
el rastro,
la nariz ligeramente entornada
de la sumisión.
Las aceras de Gran Vía
son un acertijo,
un enigma,
un dilema
y ahora que escucho las sirenas,
que la luces inestables del Arlequín
presagian el presagio,
un solo punto cardinal
me lleva a casa,
con cuerpo de taxi,
de truco,
de trampa.
Se silencian las bocas
con la muerte muerta en la ventanilla.
Hablamos la lengua de la redención
como suma del calvario,
pero tú
aún no me escuchas.
me lleva a casa,
la huella de un náufrago previo,
el rastro,
la nariz ligeramente entornada
de la sumisión.
Las aceras de Gran Vía
son un acertijo,
un enigma,
un dilema
y ahora que escucho las sirenas,
que la luces inestables del Arlequín
presagian el presagio,
un solo punto cardinal
me lleva a casa,
con cuerpo de taxi,
de truco,
de trampa.
Se silencian las bocas
con la muerte muerta en la ventanilla.
Hablamos la lengua de la redención
como suma del calvario,
pero tú
aún no me escuchas.
viernes, 11 de mayo de 2018
Paradójico
¿Habrá una oración para mí?
¿Una plegaria?
¿Una curva grotesca, quizá,
en la boca de un alguien
externo
al que yo le duela?
Yo, que me he visto morir
en laberintos imaginados,
que huyo aún del minotauro
por las calles de Madrid,
que me despierto cíclico ante la pared,
que asumo la sonriente soledad
de mi cuerpo de mancha,
de la última inhalación...
Yo...
Caigo cada noche en la paradoja
del pánico insolente a la insignificancia,
al olvido.
¿Una plegaria?
¿Una curva grotesca, quizá,
en la boca de un alguien
externo
al que yo le duela?
Yo, que me he visto morir
en laberintos imaginados,
que huyo aún del minotauro
por las calles de Madrid,
que me despierto cíclico ante la pared,
que asumo la sonriente soledad
de mi cuerpo de mancha,
de la última inhalación...
Yo...
Caigo cada noche en la paradoja
del pánico insolente a la insignificancia,
al olvido.
Palabrería
Sempiterno.
Es la palabra de la noche.
Con principio
pero sin final.
Igual que una competición eterna
o una paradoja visual de Escher
que comienza con un trazo
o igual que tu imagen.
Sempiterno.
Como si el vacío fuese ineludible,
incluso metódico, en su afán,
o universal
como mi verborrea de borracho
o un ojo esculpido en cámara estanca.
Qué difícil es llegar a casa
con un puñado insectos bajo la piel
que se han vestido con tu cara.
Suceso de actualidad
Creen que la escritura
es una revolución cobarde,
un puño que no empuña,
un sonido
huérfano de boca.
Ignoran el clamor
de un solo hombre,
desconocen
su voluntad de plaga,
su terca extremidad de pensamiento,
su descarada violencia
contra el pecho.
Y así caminan,
el niño que fue de vísceras transparentes
se construye, ahora,
una barriga de piedra.
Mientras tanto yo escribo,
huérfano de boca empuño,
ignorado clamo, alguna noche,
renglones de un gris decidido,
como si pudiera
o como si viera la sangre de mi hermano
desparramarse por la tierra.
es una revolución cobarde,
un puño que no empuña,
un sonido
huérfano de boca.
Ignoran el clamor
de un solo hombre,
desconocen
su voluntad de plaga,
su terca extremidad de pensamiento,
su descarada violencia
contra el pecho.
Y así caminan,
el niño que fue de vísceras transparentes
se construye, ahora,
una barriga de piedra.
Mientras tanto yo escribo,
huérfano de boca empuño,
ignorado clamo, alguna noche,
renglones de un gris decidido,
como si pudiera
o como si viera la sangre de mi hermano
desparramarse por la tierra.
miércoles, 9 de mayo de 2018
Insepulta
Conocí tu portal y no tu puerta.
Entreví los pies de la escalera,
imaginé
esa barricada tuya
de bisagra,
de madera
y de presencia.
Calada de terror,
como de una boina o una bayoneta,
llegaste a ser lo que se va
a la vez que lo que queda.
Hoy
un buey manchado ara mi memoria,
desbarato por la noche los terrones,
me acostumbré
a los hielos y a la tripa en la cuneta,
a la catedral de los tugurios,
al adiós, a las calles,
a las esquinas tan herejes, tan conversas,
y a todo lo que jura,
lo que grita y que declara,
lo que confiesa febril y culpable...
Lo que confiesa
que estás muerta.
Entreví los pies de la escalera,
imaginé
esa barricada tuya
de bisagra,
de madera
y de presencia.
Calada de terror,
como de una boina o una bayoneta,
llegaste a ser lo que se va
a la vez que lo que queda.
Hoy
un buey manchado ara mi memoria,
desbarato por la noche los terrones,
me acostumbré
a los hielos y a la tripa en la cuneta,
a la catedral de los tugurios,
al adiós, a las calles,
a las esquinas tan herejes, tan conversas,
y a todo lo que jura,
lo que grita y que declara,
lo que confiesa febril y culpable...
Lo que confiesa
que estás muerta.
martes, 8 de mayo de 2018
Miserere mei
Transcurre Madrid desde del taxi,
una noria en penumbra,
una atracción inmisericorde
que no detiene su giro
jamás.
Pasa,
sucede,
se muestra
un escenario perpetuo ante mis ojos,
no tienen fin
las calles empapadas, son
lo mismo que cadáveres de llanto.
Es eterna mi acera,
losa de hombre
que trunca el alimento a las raíces,
que sólo permite colillas,
restos de paso
y de pulmón.
Duerme ahora,
tras la ventana,
como la gran puta que me encierra.
una noria en penumbra,
una atracción inmisericorde
que no detiene su giro
jamás.
Pasa,
sucede,
se muestra
un escenario perpetuo ante mis ojos,
no tienen fin
las calles empapadas, son
lo mismo que cadáveres de llanto.
Es eterna mi acera,
losa de hombre
que trunca el alimento a las raíces,
que sólo permite colillas,
restos de paso
y de pulmón.
Duerme ahora,
tras la ventana,
como la gran puta que me encierra.
domingo, 6 de mayo de 2018
Mi hermano
Viví con un pianista en la calle Alonso Cano. Cuando me despertaba, por las mañanas, en lugar de estudiar, me metía en su cuarto mientras él ensayaba. Yo era un polizón entre notas repetidas, entre escalas de calentamiento.
Me tumbaba en su cama.
Miraba al techo.
Odiaba la sordina.
Y él, con seriedad, pasaba las hojas de las partituras. Recuerdo un busto de Beethoven, blanco como de marfil, como de tecla. Recuerdo los intentos vanos y los de la victoria. Nos recuerdo. Uno luchando por un cielo, el otro huyendo de la nada.
Hace más de veinte años ya, que me contó aquello de la inverosímil longitud de los dedos de Rachmaninoff, que me prestó los discos que ahora miro en mi balda de cristal. No llegué a escucharlos todos, compañero. No he llegado a preguntarte nunca por el porqué de la distancia, del luto de las noches que me acosan hoy en la memoria.
No ha llovido tanto en las trincheras como para que el barro sea olvido.
sábado, 5 de mayo de 2018
Una canción
Suena la música.
Dispara contra el paredón.
Mueve tendones que el reo
prefiere estáticos,
inmutables.
Tan tensos como están,
tan tensos como la distancia que se tensa,
vibran...
Vibran en ondas de cariño absurdo,
de una mínima amargura imperdonable.
Imperdonable por tiempo,
por lejanía,
por frío.
Imperdonable.
Inexcusable.
Mía.
Dispara contra el paredón.
Mueve tendones que el reo
prefiere estáticos,
inmutables.
Tan tensos como están,
tan tensos como la distancia que se tensa,
vibran...
Vibran en ondas de cariño absurdo,
de una mínima amargura imperdonable.
Imperdonable por tiempo,
por lejanía,
por frío.
Imperdonable.
Inexcusable.
Mía.
Con la tecnología de Blogger.


