como tenaza de hierro
para arrancarme las uñas.
Elegí el papel
como relicario,
como gasa estéril.
La confesión a la tortura,
la muerte a la sepultura,
la muerte
en solitario.
Me quedé con el grito
y la página como rito de extremaunción.
Elegí la palabra escrita como sudario,
como charla de taberna,
como vértebra,
como laceración sucia y eterna, insensato...
yo la necesitaba
como cañón.
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