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lunes, 8 de mayo de 2017

Cada mañana

Es el rugido, 
no el alba,
lo que me despierta.

El griterío infinito
de esa espectral soldadesca
que se mutila y blasfema
dentro de mi cabeza.

No conoce
el nombre del enemigo,
aniquila el vacío 
de una ausencia.






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