Sus dedos grotescos me señalan,
milenarios,
con nudos en la madera.
"No puedes pasar.
El hielo ha fijado la entrada.
No hay acceso al nicho del paria.
Hasta nueva orden.
Hasta el calor."
Sus labios grotescos me sonríen,
lapidarios,
con grietas de lecho seco.
La rendición ha capitulado,
retira los navíos,
no es el fin.
Sigamos,
pues,
con la cerveza.
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