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miércoles, 1 de julio de 2015

La noche en que conocí a Lori Meyers

Camino.

Cuento los cigarrillos aplastados de las aceras, 
uno a uno,
imagino 
las bocas en las que se consumieron, 
los pulmones 
enfermos por aliento contaminado, 
los labios 

tercos. 

SOY
uno de ellos. 

Una colilla,
un cabezota,
un alveolo,
un cadáver por un beso,
un bronquio alquitranado por los presos 
en el tejado,

una calada,

tuya,

a mediados de marzo.

Supongo 
que también un yonqui del cariño
desde aquella noche en que el tuyo
me puso más que tu cuerpo,
o desde aquélla
en que conocí a Lori Meyers,
repartimos los papeles,
y estrellaste una cerveza contra el suelo.

Yo camino,
a veces,
le saco el polvo a los recuerdos
tras funeral de polvo paliativo,

y tú,

tú allí,

comunicando.

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