Camino.
Cuento los cigarrillos aplastados de las aceras,
uno a uno,
imagino
las bocas en las que se consumieron,
los pulmones
enfermos por aliento contaminado,
los labios
tercos.
SOY
uno de ellos.
Una colilla,
un cabezota,
un alveolo,
un cadáver por un beso,
un bronquio alquitranado por los presos
en el tejado,
una calada,
tuya,
a mediados de marzo.
Supongo
que también un yonqui del cariño
desde aquella noche en que el tuyo
me puso más que tu cuerpo,
o desde aquélla
en que conocí a Lori Meyers,
repartimos los papeles,
y estrellaste una cerveza contra el suelo.
Yo camino,
a veces,
le saco el polvo a los recuerdos
tras funeral de polvo paliativo,
y tú,
tú allí,
comunicando.
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