Pages

martes, 23 de junio de 2015

Para algunos asuntos, mejor un buen peluquero

Lo peor de cortarse la memoria a trasquilones, 
es que los pedazos que se quedan 
se vengan vestidos de condena 
de cuarenta latigazos en dos días,
y no avisan al llegar,
los muy cabrones.

Tiendo a la utopía,
al recuerdo selectivo,
a la cara sur del descenso a tu tobillo.
Tiendo calcetines, 
sábanas, 
gayumbos,
y a hacerme con las tripas un ovillo
para que jueguen la gata y tu silencio
a correrle a manotazos de ida y vuelta 
por el pasillo.

Tiendo las calles que ya no vivo contigo
para secar rumores fundados
de que uso otros coños
como templo anticonceptivo, 
con el firme propósito de no parirte de nuevo,
de que pulso clítoris exentos de tu cuerpo
para no llamar al timbre del pasado, y tiendo,
sobre todo,
a llorar después de cualquier polvo programado
para olvidarte.

Lo peor de cortarse la memoria a trasquilones
es que siempre me queda más larga tu sonrisa,
tu prisa por echarme se me olvida,
y vuelves de forma recurrente 
a apoyar tu cabeza en mi pecho.

Late fuerte, 
¿lo recuerdas?

Manda cojones.





No hay comentarios:

Publicar un comentario