el estúpido corolario de la lluvia
no son las ventanas mojadas,
ni el reflejo amarillo de la farola sobre la calle,
tampoco las capuchas,
ni la muerte de las terrazas,
ni los dolores de hueso roto de las ancianas.
la consecuencia inevitable de la lluvia
no son las cervezas de interior,
ni la palma de la mano
hacia arriba al salir de los portales.
tampoco el frío,
ni las huellas de los perros sobre las chaquetas,
las marquesinas llenas,
los malditos paraguas.
no,
ni siquiera la crecida de los ríos,
ni los pies con calcetines,
ni el armario con sandalias.
el durante de la lluvia
es una preposición
vestida de pasado y de imperfecto.
de imperfecto porque acaba.
el durante de la lluvia es la distancia prolongada
que no pienso asumir,
ni esconder.
el después de la lluvia son las ganas
de secarme contigo,
de beberme tu ombligo,
de la misma toalla,
de tu pelvis caminando en péndulo hacia mi cama,
de tu yo temblando,
de no dejarte marchar
como si nada
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