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domingo, 26 de abril de 2015

Carta a Doñana

el amor es un sello matasellado
desde el suelo de mi boca
hasta el último confín de tu condado
las noches que te vuelves loca,
desencadenas los candados
y me tocas.

y yo...
yonqui trasnochado de poemarios viscerales,
enfermo inconfeso de las cuevas animales,
voy a volver a mencionar tus piernas,

porque sí, 

corazón,

para mí son eternas,

el jodido portal de los portales,
el mejor de los peores pecados capitales.

y si hablamos de tu sexo,
cuna y muerte 
de mis orgasmos cerebrales,
me hago una excursión hasta el congreso
para pedir protección,
por ley,
ecologismo
y vicios pornomentales,
a la sed que me provocan tan extensos humedales.

no es broma,
te quiero,
y el médico me ha recetado, 
cada ocho horas,

una toma,

de tu cuerpo,

contra el miedo.



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