el amor es un sello matasellado
desde el suelo de mi boca
hasta el último confín de tu condado
las noches que te vuelves loca,
desencadenas los candados
y me tocas.
y yo...
yonqui trasnochado de poemarios viscerales,
enfermo inconfeso de las cuevas animales,
voy a volver a mencionar tus piernas,
porque sí,
corazón,
para mí son eternas,
el jodido portal de los portales,
el mejor de los peores pecados capitales.
y si hablamos de tu sexo,
cuna y muerte
de mis orgasmos cerebrales,
me hago una excursión hasta el congreso
para pedir protección,
por ley,
ecologismo
y vicios pornomentales,
a la sed que me provocan tan extensos humedales.
no es broma,
te quiero,
y el médico me ha recetado,
cada ocho horas,
una toma,
de tu cuerpo,
contra el miedo.



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