La ciudad no lo entiende,
se empeña en bailar conmigo.
Algunas noches se pone guapa,
me coge del brazo
y me lleva por callejuelas secretas
a cenar.
Yo le miro las manos mientras se pinta los labios,
y hago mentalmente la cuenta
de los tonos de rojo
que me separan de los tuyos.
Pero ella no lo entiende,
se empeña
en reír conmigo,
en sacarme a bailar.



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