martes, 28 de abril de 2015

Una simple propuesta

Equilibrista del borde de las páginas que te escribo,
faquir de tu distancia,
de la cama de clavos de tu ombligo,
de tus besos de sable atravesando la garganta,
del sofá donde te duermes después de comer
a no soñar conmigo.

Te alquilo el masoquismo consentido por la piel,
si me cambias mariposas por espinas,
si ensuciamos de cariño a orgasmos 
las lunas de miel,
y somos putas monógamas en cada esquina
de esta maldita ciudad,
cobrando amor en papelinas 
de polvos de jadeos sin morfina.

Se me paran los relojes cada vez que te me encoges,
no me jodas con nostalgias,
ven conmigo a ver el mar,
la vida en los suburbios 
me la pagas
con un puñado de pelitos rubios,
tuyos,
en la funda de la almohada.




lunes, 27 de abril de 2015

Si la conocieras...

Sánchez Barcáiztegui es una calle de Madrid. 

Bueno, supongo que en realidad esos apellidos corresponden a alguien notable, a alguien que merecía ser recordado por algo que la mayoría no recordamos. 

Es una lástima.

Vuelvo a empezar...

Sánchez Barcáiztegui también es una calle de Madrid. 

En Sánchez Barcáiztegui, algunos domingos, en abril, los balcones siguen lloviendo después de la tormenta porque no se aguantan el agua, y caminas confiado esperando a alguien, como siempre sin paraguas, y te acaban empapando por la espalda unos cuantos restos de nube. Pero en Sánchez Barcáiztegui viven muchos más restos, y también hay tiendas, inmobiliarias, creo que alguna frutería, y un bar en el que firmé un contrato de amistad y reencuentro, que cumplía en diez años, y que respeté tarde.

Entre los coches aparcados de Sánchez Barcáiztegui, me dejé algo de magia y de veinte años que me reciben cuando vuelvo. Pero no vuelvo demasiado. En una de sus esquinas se ha hecho mayor un rasguño profundo, muy rencoroso, que no me saluda cuando paso, no inclina su sombrero porque sigue pensando que no merezco el regreso. Y tiene razón. Le he pedido mil disculpas, te lo juro, le he contado que jamás se me ha olvidado, le he dicho "mírame, estoy aquí... puedes ver las cicatrices". Pero no le sirve.

En Sánchez Barcáiztegui hubo un tiempo en que me moría por un beso. 
Ahora, 
por un abrazo. 

Allí vive una chica que lleva un ratón en el llavero. 
Es la chica de las sonrisas, 
de la voz de niña, 
del pelo negro. 

Esa chica de Sánchez Barcáiztegui tiene mejor memoria que yo, y me cuenta capítulos que no recuerdo. Cuando lo hace, yo me siento culpable porque la quise, te lo prometo. Pero a veces se me esconde el pasado.

Ella guarda tesoros en su casa, 
podría darnos lecciones 
de dolores de muelas que se pasan,
de Sabina, de mus de cafetería,
de fiestas donde yo no estaba.
Incluso de amor,
y, por supuesto,
de lágrimas que merecen la pena.

A esa chica de Sánchez Barcáiztegui le prometí dedicarle mi primer libro, y no he cumplido mi promesa. 
Ella lo entiende,
sabe que era tuyo, 
y, en el fondo, 
comparte mis motivos. 
Esa chica es un regalo, aunque a veces se enfade contigo, 
y yo... 
yo lo único que quiero 

son 

muchos 

más 

domingos.


domingo, 26 de abril de 2015

Carta a Doñana

el amor es un sello matasellado
desde el suelo de mi boca
hasta el último confín de tu condado
las noches que te vuelves loca,
desencadenas los candados
y me tocas.

y yo...
yonqui trasnochado de poemarios viscerales,
enfermo inconfeso de las cuevas animales,
voy a volver a mencionar tus piernas,

porque sí, 

corazón,

para mí son eternas,

el jodido portal de los portales,
el mejor de los peores pecados capitales.

y si hablamos de tu sexo,
cuna y muerte 
de mis orgasmos cerebrales,
me hago una excursión hasta el congreso
para pedir protección,
por ley,
ecologismo
y vicios pornomentales,
a la sed que me provocan tan extensos humedales.

no es broma,
te quiero,
y el médico me ha recetado, 
cada ocho horas,

una toma,

de tu cuerpo,

contra el miedo.



viernes, 24 de abril de 2015

Ese instante que oscila y vuelve

La piel se desdibuja bajo el filo. Las células de la epidermis se rompen, algunas mueren, otras agonizan durante minutos, pero yo sigo adelante. Pensé que sería doloroso, aunque bien es cierto que no es más que el comienzo, así que no me tiemblan los dedos cuando separo las fronteras del cañón de carne recién abierto.

Veo una calle vacía en el hueco formado al romper el músculo, es de noche, camino una acera de Argüelles con demasiada cerveza... no, no es la cerveza lo que me hace sonreír, ni sentir ese mareo, ese toque aceptable de embriaguez que cuelga guirnaldas de fiesta de farola a farola. 

Hace frío, 
pero yo no tengo. 
Me lo he dejado en tu abrigo verde,
tú siempre has sido verde,
en tu abrazo de despedida. 

Sorprendente, 
inesperado, 
interminable, 
cálido, 
violento,
asesino del miedo,
sicario
a sueldo de la certeza, 
obscenamente cercano... 

deseado... 

inevitable.

Con olor a huerto en casa,
a tierra fértil,

a ti.




domingo, 19 de abril de 2015

Paritorio

Tú que cambiabas mi amén por amen
y desórdenes en la mirada,
mis besos 
por ráfagas de aire
ventilando habitaciones ventiladas,
que volviste loquita de amor,
en una noche,
a una gata color de la luna.

Tú 
que eres la culpable 
del otoño de mis pisadas
caminando el borde del límite del filo de la navaja,
goteando sangre,
la nuestra,
por locales, con pizca de mala baba,
por la planta de los pies.

Tú me escondías bajo las mantas
para que no tuviera frío
y te siguiera leyendo cuentos a versos de hadas,

y yo me moría de sed.

Tú alargabas la noche 
por miedo a mañana.

Y yo...
¿Qué te voy a decir de mí?

Yo lanzaba monedas y esperaba.

Convertí tu vientre en un templo de sexo desquiciado,
tu clítoris en timbre a la puerta del pecado,
tus sueños en promesas,
tus piernas
en la autopista del peaje del talento para seguir viaje.

Demasiados cortes de papel
como para que no fuera nada,
noches en urgencias tras la penúltima llamada,
coma profundo, 
escaleras,
despertar 
otra vez a tu manera.

Yo me nazco cada día,
le lloro un corte de mangas a la vida
desde alguna balda de alguna estantería...

¡y me aplauden!

Como si fuera meritorio 

este modo de salir del paritorio.


martes, 14 de abril de 2015

Fracturas

Madrid insiste en que derribe tu puerta
a las dos de las calles vacías, 
a las dos
de las madrugadas desiertas,
de las cervezas de lunes de amor en vena,

como ayer.

Las aceras me agarran los pies,
me giran los tobillos al oeste,
me provocan 
tres fracturas en las tibias del deseo,
cuando busco la derecha hacia Bilbao
y me dejo a gotas 
el rastro de ganas de verte.

Malasaña se enrevesa,

se enfada,

me grita,

me convierte en su maldita presa,
me enciende 
un camino de baldosas amarillas
en semáforos verdes hacia tu portal,

tu puñado de pestañas, 
tus palabras de cristal,
tu cuerpo de ceniza,

tu silencio 

a rayas de presidio...

Yo le enseño los dedos rotos,
las arrugas de distancia al asedio de los ojos,
por si me deja pasar.

Madrid
es un laberinto sin tu cintura,

y tú...

tú no te das cuenta.

 

 

jueves, 9 de abril de 2015

consecuencia de la lluvia

el estúpido corolario de la lluvia
no son las ventanas mojadas,
ni el reflejo amarillo de la farola sobre la calle,
tampoco las capuchas, 
ni la muerte de las terrazas,
ni los dolores de hueso roto de las ancianas.

la consecuencia inevitable de la lluvia
no son las cervezas de interior,
ni la palma de la mano 
hacia arriba al salir de los portales.

tampoco el frío,
ni las huellas de los perros sobre las chaquetas,
las marquesinas llenas,
los malditos paraguas.

no,

ni siquiera la crecida de los ríos,
ni los pies con calcetines,
ni el armario con sandalias.

el durante de la lluvia
es una preposición 
vestida de pasado y de imperfecto.

de imperfecto porque acaba.

el durante de la lluvia es la distancia prolongada
que no pienso asumir,
ni esconder.

el después de la lluvia son las ganas
de secarme contigo,
de beberme tu ombligo,
de la misma toalla,

de tu pelvis caminando en péndulo hacia mi cama,
de tu yo temblando,

de no dejarte marchar

como si nada






miércoles, 8 de abril de 2015

Balas de plata

Tú no estabas cuando llegué. 
Tendrías que haberme visto sacando los ojalás de la maleta 
para colocarlos en el armario. 

Allí. 

Tan lejos de casa. 

Tendrías que haberme visto después de aquella noche, 
cuando decidí desenfundar, al salir de la ducha, 
y llenarle el pecho de balas de plata 
al tipo desnudo que me miraba en el espejo, 
poniéndolo todo perdido de pasado. 

No estabas allí 
cuando me senté, entre pinos y maleza, 
a acariciarle la nariz a la cabeza 
de un gigante de piedra 
que concedía deseos. 
Ni cuando compartía el tabaco a la espalda de Barcelona, 
inventándome un futuro 
que ahora se sube conmigo a los trenes 
dejándote libre el asiento de al lado.

A ti.

Para nacer 
necesité que no estuvieras, 
pero ahora que me ha dado por creer en las quimeras 
no necesito atarme 
contra el canto de sirenas, 
ahora que tiene sentido lo que escribo
te hago responsable de las puertas que derribo
para encontrarte.

Responsable de haber aparecido 
a principios de un agosto justo en medio del camino,
responsable de tus huellas,
de ser tú y tus adjetivos,
y, un poco más al fondo, 
la manera.

De ser
pelo 
piernas 
papel 
hombros y caderas.

Se acabó el soñar en noches paralelas,
voy a llenarte Madrid de estaciones,
de obscenas intenciones,
de planos de metro, de taquillas 
para que recojas de una vez
el billete de vuelta.







Sobremesa

Lo hice, he vuelto a comer con cerveza y, como siempre, en lugar de dormir un rato antes de volver a ese estúpido trabajo, que lo es siempre que no me encargo de tus ojos, me han llegado las ganas de hacer malabares de palabras por si te da por venir. Pero se me amontonan en el embudo de las dudas, no tienen respeto unas por otras, se pisotean, se aplastan, no se ceden el paso... 

En eso hoy se parecen un poco a nosotros. 

Y ahora ando tumbado en el sillón, con los ojos entornados, para escaparme un poco del sol que entra de la ventana grande a esta especie de salón abuhardillado. Sin llamar. Dándole el toque de sarcasmo adecuado a las bromas de la primavera, cuando de siempre se sabe que la nostalgia se moja con nubes grises. 

Te echo de menos, pero no es eso lo que quería decir. 

Quería inventarme un argumento profundo y decorarlo de lo más vulgar, ponerle a tu alma el traje de sexo de alcantarilla y de barra de bar, dejando los espacios para contarte, sin decirlo, que anoche volví a soñar contigo y no recuerdo nada, pero me he sentido mejor por la mañana.

Sé que no te gustan las demoliciones personales y esto no lo es, son sólo un par de cigarros ante la pantalla, porque el papel me lo he dejado en el dormitorio y, de verdad, no me apetece salir del edredón ni los cojines si no me esperas en la cama. 

Supongo que todo esto es, simplemente, un modo de sobrevivir a la rutina entre fines de semana de recital, y de escapar de la firma del contrato de darte por perdida. 

Yo sigo con mi vida, 
vendrán todos los viajes, 
pero nunca me ha gustado que te bajes, 
porque es cierto, 
casi siempre tropiezo 
y el ritmo se me va, 
pero nadie se da cuenta si eres tú  la que me envuelve la cintura... 
la que me invita a bailar.

martes, 7 de abril de 2015

Para qué

De entre todo eso que usamos para añadir a las heridas, 
yo te prefiero a ti. 
Para qué voy a buscar la sal en la cocina
si me basta con tu cuerpo cuando vuelves de la playa,

para qué el vinagre,
si es tu pan entre mis miedos, 
es tu aceite,
el que acaba con el hambre.





Irresponsabilidad

Olvidarte...
menuda petición...
un imperativo sin manual de instrucciones.

Roza la irresponsabilidad
y supera, 
con mucho,
los límites legales.

¿Olvidarte cómo?

Quizá llenando los poemas de tachones,
de costuras de tinta sellando en horizontal
el botín de los ladrones.

La cerveza no me sirve,
paso de drogas duras,
vuelo más esnifando tus rincones.

¿Olvidarte cómo?

He probado tres días con lágrimas...
nada,
te multiplicas,
no te borras ni te mezclas los colores,
y tienes la desfachatez
de estar debajo de todas sus camisas
si me da por desabotonar botones.

Llegaste puesta de sol,
atrévete 
a pasar la noche.

Olvidarte...
piensas que puedo rendirme 
como las madrugadas al amanecer,
se te olvida
que yo vivo encaramado a las mareas 
y tú...
tú eres mi maldita luna llena.

¿Olvidarte cómo?

Qué estupidez...

Olvidarte...

Como si fuera otro.

domingo, 5 de abril de 2015

En las paredes

Orgasmos de tabaco y ron en noches inventadas,
improvisando amor en las bañeras,
leyendo 
el olor de tu champú
directamente en tus caderas.

Robarle mapas a tus viajes,
vestirme todos mis trajes de payaso, 
de supermán,
de cuerpo inerte tras la muerte del colchón
y las facturas.

Ensuciar los malabares becquerianos
comiéndome tu cuerpo con las manos,
y luego,
si de verdad lo necesitas,
susurrarte que sí, 
que poesía eres tú,
tú en sudor,
entre sexo y bambalinas.

Si quieres llenamos de portales
los edificios oficiales de Madrid,
y fingimos despedidas
y te vuelves loca
y me invitas a subir.

Te cambio el romanticismo 
y la primera mitad del diecinueve,
esta mañana,
por la curva de una espalda que se mueve.

Si quieres,

después,

eliges tú los versos que escribir en las paredes.






viernes, 3 de abril de 2015

por ahora

se me cae la piel 
en los papeles,

las monedas 
en las fuentes de cerveza,

el anhelo 
en la pluma disfrazada de una flecha.

tu ausencia
se me cae por la escalera
cuando me invitan a subir
otros culos,
otras piernas
que ignoro por respeto a tus maletas,
y anoche,
a tu cadáver.

se me cae también abril,
la curva malva que abrazaba tus ojeras,
los besos a los párpados cerrados,
media libra de indecencia reservada
para ejecutar tus cremalleras.

se me cae la ropa
a los pies de una cama vacía.

vacía significa sin ti.

de momento.

por ahora.


jueves santo

Si Madrid conspira
y, en menos de media hora,
me escupe al violín "Por una cabeza",
dos veces desde Oriente a Callao...

¿Cómo no voy a sentarme en sus rincones?

¿Cómo coño no voy quererte?

Mis derivas

La mañana se me llena de libros salvavidas
porque anoche
te dejaste las propinas
en cualquier otro lugar.

Y yo 
siguiendo sin saber cómo vestir las despedidas,
eligiendo el grosor
de los hilos que descosen las heridas,
encontrándote 
a la vuelta del silencio de la esquina.

La mañana encandilando los retales,
y yo bordando de mentira los finales,

porque yo,

creo que lo sabes,

no me sé rendir desnudo.

Bailar

La ciudad no lo entiende,
se empeña en bailar conmigo.

Algunas noches se pone guapa,
me coge del brazo 
y me lleva por callejuelas secretas
a cenar.

Yo le miro las manos mientras se pinta los labios,
y hago mentalmente la cuenta
de los tonos de rojo 
que me separan de los tuyos.

Pero ella no lo entiende,
se empeña 
en reír conmigo,

en sacarme a bailar.
Con la tecnología de Blogger.