he soñado con el blues de un guitarrista negro,
con acordes viscerales, cuerdas de tripa,
con el calor de tus muslos apretando mis mejillas,
con un festín de carne a tu puerta abierta
no sé cuántas pulgadas bajando de tu ombligo.
con el olor a campo y pan que te crece en la barriga
cuando apoyo la cabeza para dormir
después de los orgasmos,
y redefinimos el porno cocido a fuego fuerte,
se me añade,
por favor,
medio litro de alma a los tres cuartos de sudor.
había cadáveres de tiempo aniquilado,
congelados sobre la nieve al otro lado de la cocina,
como en el libro que me enseñaste y me cené,
y en la nota de suicidio del pasado enmarcada en la pared.
juraría que por eso acordamos
no acordarme del después, o ya no existe
más allá de tu piel y del delirio.



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