Pages

domingo, 31 de agosto de 2014

La puta sed de no beberme tu saliva

Por un día que decido no cerrar los bares 
y vuelvo a casa cuerdo como un loco, 
no me queda cerveza en la nevera. 
Yo que venía a provocarme la ceguera en el sillón 
a la luz de las velas, 
que he renegado de las rubias abiertas, 
me tengo que conformar con mirar al techo 
porque no soy bastante hombre para el whisky on the rocks, 
o no encuentro la botella.

Odio las paredes de mi casa cuando no se mueven a polvos 
ni a malabares de bocas, 
odio las copas de vino 
y las palabras que no te salen, 
y haber borrado tu número en un ataque de dignidad, 
y mi cara, 
y mis manos, 
y el insomnio, 
las pesadillas, 
y el puto hambre de tus piernas, 
y la puta sed de no beberme tu saliva...

Y aquí estoy, tumbado en un manojo de odio,

y tú,

¿dónde coño estás? 

sábado, 30 de agosto de 2014

Melodramas

Voy a ponerme melodramático...

Decidiste que fuéramos el prólogo de la primera edición, 
antes de leer te asustaste de los puntos y seguido, 

ahora somos herederos legítimos de tu miedo, ahora
somos incapaces de desnudarnos la distancia porque duele.

Te proclamaste juez y jurado con falta de pruebas
y yo como testigo de cargo contra la tristeza. 

La condena es una historia sin comienzo... 
¿cómo coño escribimos el final? 


viernes, 29 de agosto de 2014

asumir responsabilidades

desde que te largaste siempre se repite la misma escoria,
todos los caramelos son de manzana
pero no les encuentro el pecado,
prefería el sabor de tu cuello sin empaquetar.

y eso que salgo mentalizado por esos bares, 
consciente de que nadie en la barra 
tiene tus dedos para reescribir las huellas de mi cerveza,
ni tus piernas para afrontar las consecuencias.

me secaría el sudor en otras sábanas de sexo desquiciado
si me insinuaran la sombra de uno solo de tus adjetivos,
pero hay una epidemia de desinspiración en la ciudad,

o soy yo,

o eras tú,

o seremos nosotros.

moriré castrado por ausencia de musa erótico-cerebral
y no devorado en un festín postcoito entre tú y tus huesos
que era mi plan de suicidio preferido.

te hago irresponsable.









Definiciones asesinas

Tú lo llamabas unión intrínseca de cuerpos extraños, 
comunión pagana de sexos estrangulados por la necesidad mutua, 
intercambio de espasmos en cardiopatía crónica... 

yo lo llamaba echar los mejores polvos que he conocido. 

Ya sabes, 
siempre fui más directo. 

Y tú buscando explicación a los hechos contrastados, 
como si por fuerza estuviéramos equivocados. 

Para ti 
lo nuestro era un presente copulativo con cargas de adrenalina 
y una venda sobre los párpados. 

Fue culpa tuya, 
te perdiste el amor entre definiciones.

jueves, 28 de agosto de 2014

Semidemencia

Lo más duro de perderte es perderme a mí cuando estaba contigo, y despertarme por las mañanas sabiendo que no usaré más tu cuerpo como pan para el desayuno, y la soledad en la punta de la lengua, y... 

No sé en que momento estúpido se me ocurrió hacerme un corte en la garganta para dejar de hablar, y afiliarme al silencio por automutilación de adjetivos, y de posesivos. La consecuencia es que tengo la colada llena de verbos sucios pornomentalmente hablando que no dejan de gritar, y un pecho en liquidación por traslado a quién sabe dónde. Y el cabrón no tiene ganas de mudarse y, heroicamente, se vacía al pormenor sin regateos.

Así que no me pidas que no tiemble cuando voy al supermercado con los pulmones de saldo, porque Brugal y Negrita comparten pasillo, y si te encuentro por descasualidad o causalidad evitable, qué carajo voy a contarte con la garganta en sección, si yo ya no soy yo cuando estaba contigo. 

¿Con qué vestimos la educación si lo que me apetece es follarte?

Y vuelta al insomnio de flashbacks por la espalda, y a cambiar algo de pena por apetito, y a menguar a base de pensamientos dislocados que disfrazo de renglones en pantalla, y a toda esa mierda que ya no me manchaba, o me manchaba menos, desde que supe que tú eras tú entrando por la puerta y yo fui yo sin convalecencias. 

Te / me / nos echo de menos reconstruyendo costillas y ojeras.




Falta de sueño(s)

Supongo que el insomnio 
no es más que mi mente en guerra 
para evitar pasar por los sueños de puntillas. 

Supongo que, 
cuando se rinde, 
ya no le quedan fuerzas para defenderme de las pesadillas. 

Y ya no hay barreras, 
y siempre te sueño de lejos, 
y te veo allá, 
y mueves los brazos, 
y un momento después 
son las manecillas de un reloj que me saco del bolsillo, 
y ya no eres tú 
si no un goteo de partes de ti que desaparecen. 

Me joden las sonrisas como efecto secundario, 
también me duele una muela 
y el sudor del maldito agosto. 

(Anoche llevabas un vestido negro, y estabas jodidamente guapa.)

miércoles, 27 de agosto de 2014

despierta...

utilízame,
sé sangrienta,
cruel,
atemos tus fantasmas a la cama
junto a los míos,

que se mueran,
que se jodan.

déjate el nombre y las dudas
junto a tu forma
en el colchón,
tus bragas en la cocina,
tu ombligo en mi boca,
tu miedo en la bolsa de basura,
junto a todo ese pasado
que 
vamos 

romper.

regresa anónima a tu casa,
mordida,
astillada,
todo presente, y después
qué importa.

busca una excusa para volver
y ya no tendré ninguna
para no quedarme,

con una condición...

el día que busques un amor de invernadero,
de champú sin piel ni agua caliente,
de cuatro piernas sin sexo en el sofá...

despierta...

vuelve a mirarme a los ojos.







Cecebre

Estoy haciendo la maleta para huir de la escritura en femenino singular, más concretamente, la de tu cuerpo y mi soledad. He guardado la ropa, la pasta de dientes, y, en la otra esquina, un bosque entero animado en papel como guía de viaje. He marcado en rojo el lugar donde pienso abandonarte, he subrayado el cuento, y quizá lo lea en voz baja sentado en medio de la fraga, ya conoces mi tendencia a todo lo ceremonial cuando lo que te dejas son 21 gramos en la historia, o lo que sea que pese el maldito alma.

El problema es que eres tan obstinadamente tú, tan tus pies y tus entrañas, que te vas a presentar en medio del ritual, como una diosa pagana de sexo mental, y voy a olvidarme de cerrar con llave la caja de tu recuerdo. Como esta mañana, cuando he recibido aquel pedido que no pude anular después de tus barricadas, y he abierto el libro de Grandes por la dedicatoria, ése que me recomendaste, y A Luis, medio millón de veces, y la vida o el destino o el basurero de estos días se ha descojonado en voz alta, y tú, qué extraño, mirando para otro lado a carcajadas de olvido en medio de una violación intelectual póstuma. 

Lo he supuesto consecuencia de la omnipresencia, pero me ha jodido.

En un par de días te clavaré una lanza en Cecebre.






martes, 26 de agosto de 2014

mensajes en el parabrisas a hostias de Verdad (y el resto sin mayúsculas)

una demolición,

supongo que fue eso,

bajo farolas encendidas
y madrugada,
aparcado junto a la acera
por la que regresaban 
todos
menos tú.

los ojos cerrados
como cristales rotos,
y los huesos
palabras,
y lágrimas de combustible
para arrancar el motor
calado de frío.

y un volante,
claro,
para perderme en tu dirección,
y el freno
de tus manos.

letras apretadas
en tinta negra
y un sobre blanco
como tratamiento 
contra el dolor de estómago,
y la borrachera,
y la soledad.

una nota de suicidio
de nosotros
en tu parabrisas
a las cinco de la mañana,
o,
simplemente,
yo sin ropa
y sin carne
y sin tú
para calentarme.

un instante,
un grito,
un orgasmo de ausencia,
un polvo mental
a empujones de palabras
contra tu cristal.

mi demolición,

supongo que fue eso.




El suelo empapado

Hoy he amanecido lloviendo segundos, es una sensación extraña ésa de notar instantes saliéndote por el pelo, por los brazos... pica, escuece y, la verdad, me ha puesto un poco triste. 

Cuando tú estabas y me despertaba así, te utilizaba. No te dabas cuenta, pero cuando me giraba en la cama y te acariciaba las caderas y me aprendía tu espalda y te follaba, lo que me dejaba dentro de ti no era otra cosa que el tiempo que se me caía… era yo, y tú la clepsidra que necesitaba, la que me medía. Suena pedante, sí, pero tú me enseñaste esa palabra… jódete.

¿Cómo se te ocurrió hablarme de miedo a repetir finales? Como si nadie más que tú hubiese sangrado antes, como si el dolor dejase vírgenes por alguna calle, como si… yo… fuese igual que otro.  

Y en tu increíble imaginación, por no repetir, te inventas un final nuevo en un ataque de creatividad cobarde, y no te presentas en el campo de batalla. Deberían juzgarte por crímenes de guerra, por robarle los labios a las bocas. 

Ahora pierdo trenes, y me desangro en algunas cafeterías, y esquivo aceras por si me cruzo con tus piernas, y tus hombros, y tus cicatrices, y ese lunar tuyo que hoy es un balazo en el pecho, y dejo el suelo empapado cuando amanezco lloviendo tiempo perdido por la piel, y lo miro, y te echo jodidamente de menos. 

Y me quedo en casa 
porque odio esta ciudad sabiendo que te contiene.  

lunes, 25 de agosto de 2014

lobotomía frontal inversa

una madeja enredada de pensamientos de letrina
a las cuatro de la madrugada,
y esta lobotomía frontal mirándose al espejo
que me golpea con la vida en lugar de cortar hilos,
dejarme en coma,
y todo eso que consigue desconectar a los locos.

o el síndrome de tristeza endémico a mis pestañas,
que no baja la fiebre,
ni los temblores,
ni la sed,
y me deja la cama en cuarentena.

además de esta tendencia absurda que me ha nacido
de pensar todo en palabras que empiezan con la letra a...
antes,
aquí,
ambiguo,
adiós...

que
siempre
conduce
a
tu
nombre.

y también tu costumbre de ser
el mismo final para todas las carreteras secundarias.
y ante todo,
el afán de beberme mi mierda con tequila a secas
porque prefiero la sal de tu piel a la de cuellos salvavidas,
que me acaba haciendo vomitar alcohol y tripas
en cualquier calle,
en cualquier papel.

y sólo han pasado seis días.






sábado, 23 de agosto de 2014

Fundido en negro

El final. 

Una especie de acantilado de instantes y reproches rompiendo contra las rocas, que acompaña el silencio de la habitación, el de la cama, el de las paredes… el que rodea ese cigarro de madrugada asomado a una calle dormida y vacía y fría… y muerta. 

¿Cuántas noches puedes pasar escuchando tus latidos? 

¿Cuál es el límite?

El vagón está lleno, claro, y los únicos bolígrafos que tengo, en señal de respeto, se lo agradezco, son de tinta negra. Pero yo sigo leyendo por los túneles de Madrid, rodeado de cuerpos indiferenciados, indiferentes, y sigo subrayando cualquier verso de sexo y estómago como si fuera a leértelo después… 

como si fuera antes. 

Me pregunto si eso es el final, si en eso consiste, en mantener las costumbres intactas hasta que las haya devorado la ausencia, hasta que la erosión las haga desaparecer después de deformarlas y darles un aspecto ridículo. Tanto como mi reflejo en la ventanilla cuando el tipo sentado enfrente ha guardado su móvil, y se ha levantado llegando a Argüelles, el muy cabrón, dejándome cara a cara conmigo, aquí, en el maldito metro, con un libro en la mano, subrayándote poemas por la izquierda a cincuenta metros de otra estación… 

bajo tierra.

Y todo ese catálogo obsesivo de comparativa en el bolsillo, cuando la mente se pone a pensar en absurdo, y ya no hay ojos marrones si no más o menos marrones que los tuyos. Ni existen bocas pies pezones sonrisas, que no tengan que ver contigo, como si al marcharme te hubieras caído en el centro de todas las escalas. Y las ojeras que esperan en el andén ya son ojeras, y no ese malva sucio de mis noches que vestías a veces después de clase… y me volvía loco… 
y culpable, 
y con agravantes, 
y premeditación, 

y puta vida.   

Y al final el final es un tintero que gotea, quién iba a decirlo, y nosotros sin escoba ni cojones para barrer las calles, y una esquela sin edad para el maki de atún sobre tu ombligo, y fobia a los caramelos de limón sin tu garganta, y unos cuantos libros por correo que no han llegado a tiempo y no pienso devolver.

Y al final el final es esto, náuseas y cerveza y ron, y un paquete con retraso entregado a la memoria por un cartero borracho, cuando el destinatario era el olvido.

viernes, 22 de agosto de 2014

Reflexionando en cursiva

Hay que reconocer 
que eres la hostia reflexionando en cursiva,
que tu costumbre de cimentar argumentos
abrazándote las piernas sobre el césped 
para que sean tus muslos los que dicten sentencia,
transforma la tarde 
y el humo
y la cerveza
en la línea de salida.

Has reinventado el erotismo ilustrado,
conviertes tus palabras en mi autopista hacia el polvo,
y me conduces, 
y me enseñas,

y yo me dejo llevar,

y enseñar,

y follar.

Y además,
no necesito rescate,

me quedo con mi secuestro crónico,
con tus clases particulares de cicatriz y ombligo,
con tu Ende 
y mi Bukowski
y tu playa detrás de la montaña 
y la mía de arena negra,

y sobre todo,

con esa forma de comerte mis poemas

a dos milímetros de la boca.