Voy a ponerme melodramático...
Decidiste que fuéramos el prólogo de la primera edición,
antes de leer te asustaste de los puntos y seguido,
ahora somos herederos legítimos de tu miedo, ahora
somos incapaces de desnudarnos la distancia porque duele.
Te proclamaste juez y jurado con falta de pruebas
y yo como testigo de cargo contra la tristeza.
La condena es una historia sin comienzo...
¿cómo coño escribimos el final?
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