Me siento en el ajetreo de los vagones,
miserable ante el tiempo.
Sucede a mi alrededor vuestra presencia,
la agonía exigente del martes,
los ojos apurados,
las manos que se duermen.
Vuelvo a casa
y este tren es un dragón sin vientre.
Será la fecha la que me digiera,
la que acicale con mis huesos
la grieta oscura
que le vive entre los dientes.



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