Caruso me observa,
esculpido en imagen,
desde la portada.
Apenas puedo escucharte, Caruso,
más allá de la estática,
del disco que gira,
de la aguja,
apéndice maldito,
extensión fálica y necesaria
para la música.
Te esfuerzas, lo sé,
vives minúsculo entre los surcos,
me hablas
desde tu escondite,
desde tu epopeya,
mensajero irreductible
de todo lo que me falta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario