Fauces de asfalto,
no me purifican las sobras de octubre
ni el alquitrán
ni el ajetreo derrotado de las palabras.
Tiene tu nombre un aroma de resto,
de óbito,
y seré calumniado en tu recuerdo
si persisto de veras,
como el cadáver degollado
y a ratos digno,
de tu ratonera.
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