El suelo que piso es cálido,
me cubre el infierno
usando una pátina suave de hormigón.
Se agrieta a ratos
el suelo que piso y surge
un goteo incandescente, me asomo
y me veo sentado,
esperándote paciente
de nuevo.
Las costuras, después,
arraigan el frío a su lugar,
justo por encima de los tobillos.
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