Queda de mí
un tugurio embotellado,
una colcha en beige
a medida del anonimato,
postales de montaña,
un par de gatos
y páginas preñadas
y cajas de cartón
traicionando a la jauría de la nada
y yo
amortiguado por el tiempo,
sujeto en el colchón,
amordazado,
anocheciendo.
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