A este lado de la ciudad
existen alambiques que destilan
recuerdos de monte,
de rodillas desconchadas,
de luces en vela
para dormir.
Hay gatos que se acuestan,
una cuña de queso
para la cena
y manos que envejecen
y una intención minúscula
y un hombre, a veces,
obstinado
en permanecer.
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