Quieren muros, esas hienas,
con sus hocicos de esparto
nos agitan las colmenas,
se nos visten de lagarto.
Calzan corona de espinas,
Cristos del gran esperpento,
orinan nuestras esquinas,
escucharé su lamento
cuando les lleguen los días,
cuando se muestre el entuerto,
cuando las mañanas mías,
cuando su Dios esté muerto.
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