Las heridas que he infligido
se acodan en las barras
conmigo,
emergen desde las neveras,
papel moneda,
vergüenza.
Hablamos de este estúpido verano,
de las fachadas de cera
que se deslizan,
y, a la tercera birra,
hablamos de ti.
De ti,
de las carreteras,
de las luxaciones del camino,
de tus huesos
ajados contra mi soledad,
sedientos en la verdad
de mi desierto.
No fui yo
más que el vaso infértil
de mis entresijos.
No soy yo
más que el habitante de mis sábanas,
náufrago errante en la tela.
Náufrago
errante
en la tela.
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