Hay silencio aquí,
en el páramo que me circunda.
No escucho más
que las ramas de ese almendro,
estructuras del aire,
inapreciable lamento.
¿Quién se atreve
a moldearme con las manos?
No hay Dios aquí,
en el salón de lo que creo,
no se sienta en el peldaño
más que el mármol
que lo compone.
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