Emprendo, cada noche, la búsqueda,
un cimiento sumergido,
la base del templo que me guarda.
Hoy uso un par de latas miserables,
unos tragos de cerveza,
columnas
de Hércules y de aluminio
más allá.
No sé ya
de quién es el salón en que me siento.
Me atan las paredes
como un eslabón pulido de la Nada.
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