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jueves, 21 de febrero de 2019

Presagio

Escucho los latidos de los perros
husmeando en mi basura,
miro sus ojos minúsculos
saciados de fracaso.

Se marcharán
cuando nada quede.

Se irán
cuando no haya más que polvo 
en mis bolsillos,
se irán en busca de su papelina,
de su gramo eterno,
de la tormenta que les borre.

Me cruzo con ellos camino del supermercado,
siento su colmillo en la muñeca.

Se marcharán
cuando nada quede.




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