Látigo incesante,
apeadero de inquina,
cadavérico reproche.
¿Qué mal me habita?
Abro los ojos,
corro las cortinas,
salgo al balcón,
me insulta el mundo,
me abofetea
a mano plena
de estupidez.
¿Acaso os ha murmurado hoy,
mientras amanece,
el muro inabordable de la muerte?
No hay comentarios:
Publicar un comentario