¿Cuál es mi misión?
¿Escudriñar una calle estrecha
desde la ventana?
¿Ser guarda, quizá,
de un campo caduco,
de la grieta en la costra de los surcos
o de una dehesa deshabitada?
Es terco el avance de los días,
monótono,
un goteo abstracto,
simbólico,
del desacierto.
Pero sigo en la pelea,
sonado,
veterano,
al borde de la extinción,
con más canas en la barba
que antaño.
No podréis hacerme daño,
de eso
me encargo yo.
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