Profano en la sabiduría de la música,
ajeno a la mística delirante,
esta noche
guitarra, piano y Clapton.
Que me ha crecido la chulería
como un ramaje con aristas,
que te equivocaste, rubia,
que prefiero estas vistas en mi ventana,
que te condeno
a mi inapetencia por espejismo,
que casi es lo mismo que mi condena.
¿Quién sabe dónde duermes?
Ignífugo ante el recuerdo,
impermeable
a ese circuito de sangre ajeno,
brindo por los errores que cometiste,
por las espinas curvas de las notas
que no has escuchado vibrar.
Qué triste enterrarte de esta manera,
qué enjambre de intervalos
arrojados a la hoguera.
Ya no eres asidero
más que de nada.
¿Y si la redención es un punteo?
¿Y si el mesías del harapo calza barba?
No formarás ya parte de mis demonios,
de mi legión ebria,
de esta ciudad tan parda.
Pero respira, corazón,
no te me mueras del todo,
que si he de cruzarme contigo
será para recordarme,
desnudo tras la masacre,
creciendo cubierto de lodo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario