Reptáis.
Se oscurece el cielo
con vuestra insolencia,
con el sopor.
Se os entregó la vida
como la limosna del refugio
y sois los sastres de la ceguera.
Constructores de lo vulgar,
os veo en el metro,
en las áreas de servicio,
en las alcantarillas,
en los supermercados...
¿Para qué las manos
si no os importa tocar?
Reptáis
como el lamento de lo inconcluso.
No siempre os redimirá la ignorancia
de la barriga en tierra.



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