Con la siniestra ejecución
de un pianista colocado,
abro el armario.
La ropa son los restos,
las sobras de la fecha en que se vistieron
y ahora,
alimaña expulsada
de su agujero,
mi nariz busca,
mis sentidos buscan,
mis manos
buscan.
Como si la tela guardase el tiempo,
como si no me cubriera
esa sábana de luto en el destierro.
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