un esqueleto, un fantasma
que nos deja ver
a su través.
Y en sus cuencas de calavera,
en su mirada vacía,
en su mirada de cueva,
amontonamos la leña
para la hoguera.
No consigo calor
sin sus miembros.
Soy esclavo,
soy
marioneta,
el final del hilo
de sus falanges de calcio.
Líbrame, madre,
del tiempo,
congela el avance,
déjame quedarme.
Déjame
quedarme.
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