Aparece el cúbito, el radio, la muñeca, aparece también la mano entera con su fractura de labor como instrumento sucio de la conciencia. Baila sobre el papel, se contonea, se necesita sólo el volver para que vuelva. Era oscura allá en su madriguera, era un lacio amasijo que suda, era la lujuria del que espera.
Habrá un despertar profundo, abisal, y las articulaciones, envueltas antes en quejido, se doblarán engrasadas por el aceite denso que llegó a cubrirme. Yo digo que la ciudad protegerá bajo la piedra. Yo digo que ascenderá como un gigante, como un insecto de abdomen pavoroso, como un gas, el huesudo semblante de mi mañana.