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sábado, 27 de mayo de 2017

Salamandra

Equidisto
entre una demacrada ciudad 
de ojeras como avenidas malvas 
y el estallido blasfemo
de una dentadura que sonríe.

No consigo cruzar la frontera.

En el espejo del baño
hay edificios con huellas de mordisco
y en mi rostro 
una membrana.

Podría alimentarme de ladrillo,
ser el legado de un extraño reptil
en las paredes

y no consigo cruzar la frontera.

Equidisto
entre el deceso bestial de la esperanza
y la fe corrupta.

Soy

equidistante.

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