Un camellito de mierda
me vende dosis de sombra,
intocable capitán
en su ventana de calleja.
Yo con pulmones de perro
desde todo este silencio,
le arrancaría las manos.
Se caga en mi dependencia,
me paga con la insolencia
en su sórdida esquina
de mercado.
No le pedí
más que el desierto,
la estepa,
la tundra cerebral,
el olvido inyectado.
Y el camellito de mierda
me vende dosis de sombra,
me vende con el recuerdo.
Le arrancaría las manos.
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