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miércoles, 26 de abril de 2017

Memoriter

Cuando escribía,
unos dedos de fantasma, 
casi licuados,
ascendían mi garganta.

La pena infinita,
esférica, 
rebotaba en el parquet
como una perla opaca y adúltera
con semilla de accidente.

Las palabras se pudrieron,
marchitas e impacientes,
al rozar el papel.

Cuando escribí,
me sentaba con la espalda torcida,
con la memoria ausente,
con los húmeros crispados,
con la sombra de un jaguar,

y tuve nostalgia de muerte,

de esa muerte en espiral.



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